Las dos fugas y la tercera vía
Cuatro preguntas donde el objetivismo y el subjetivismo dan respuestas simétricas, y la tercera vía de Bourdieu con su cita de anclaje.
Las dos fugas y la tercera vía
Bourdieu no está a medio camino entre dos escuelas: trata al objetivismo y al subjetivismo como el mismo error visto desde dos lados. «De todas las oposiciones que dividen artificialmente a la ciencia social, la fundamental y la más ruinosa es aquella que se establece entre el subjetivismo y el objetivismo» (p. 43).
¿Qué es una práctica?
Objetivismo: la ejecución de algo ya escrito. Las prácticas «no son otra cosa que papeles teatrales, ejecuciones de partituras o aplicaciones de planes» (p. 85).
Bourdieu: el ámbito de «la dialéctica del opus operatum y del modus operandi, de los productos objetivados y de los productos incorporados de la práctica histórica, de las estructuras y de los habitus» (pp. 85-86).
¿Desde dónde se conoce lo social?
Objetivismo: el mundo social como «espectáculo ofrecido a un observador que adopta “un punto de vista” sobre la acción» (p. 85), con el privilegio de la totalización que da el esquema sinóptico (p. 132).
Objetivar la objetivación: explicitar «los presupuestos que tienen en común en cuanto modos de conocimiento doctos» (p. 43). La operación fundadora de Saussure es «el inconsciente epistemológico del estructuralismo» (p. 51).
¿Hay disposiciones duraderas?
Subjetivismo: Sartre en El ser y la nada. «Por no reconocer nada que se parezca a disposiciones duraderas y a eventualidades probables, Sartre hace de cada acción una suerte de confrontación, sin antecedentes, entre el sujeto y el mundo» (p. 69).
El habitus como historia incorporada: «sistemas de disposiciones duraderas y transferibles» (p. 86), definidas frente a «potencialidades objetivas, inscritas de manera inmediata en el presente» (p. 87).
¿Cómo se ajusta la conducta al mundo?
Por obediencia a una regla que el agente ignora y el observador reconstruye, o por un proyecto libre de la conciencia. Dos ilusiones de la posición del sabio (pp. 43, 69).
Por sentido práctico: el «sentido del juego» da «una idea bastante exacta del cruce cuasi milagroso entre el habitus y un campo, entre la historia incorporada y la historia objetivada» (p. 107).