Ch’ixi no es híbrido
El par mínimo ch’ixi / chhixi: una mezcla que disuelve el conflicto y otra que lo mantiene vivo sin fundirse nunca.
Ch’ixi no es híbrido
Dos maneras de pensar la mezcla, y una diferencia política: el castellano teórico tiene una sola palabra donde el aymara tiene dos.
Hibridez / chhixi
«La noción de "hibridez" propuesta por García Canclini es una metáfora genética, que connota esterilidad. La mula es una especie híbrida y no puede reproducirse» (p. 70). De dos diferentes sale un tercero nuevo y armónico, y con él la promesa política de poder «entrar y salir de la modernidad» como de una cancha o un teatro (p. 71). Chhixi, con doble h y sin corte glotal, es «la idea de mescolanza, de pérdida de sustancia y energía»: la leña que se quema muy rápido, lo blandengue y entremezclado, la hibridación light conformista con la dominación cultural contemporánea (p. 70).
ch’ixi / chhixi: el par mínimo
El aymara distingue con dos palabras lo que el castellano teórico confunde en una, y el criterio que las separa es si la mezcla disuelve el conflicto o lo mantiene vivo (p. 70). La distinción es la más fina del texto y la que casi toda la literatura secundaria colapsa. Cuidado también con la errata del propio original en la p. 69, que imprime «c’hixinakax utxiwa» con el apóstrofo desplazado: la grafía correcta, la de la cubierta y el índice, es ch’ixinakax utxiwa.
Ch’ixi
«Es un color producto de la yuxtaposición, en pequeños puntos o manchas, de dos colores opuestos o contrastados: el blanco y el negro, el rojo y el verde» (p. 69): el gris jaspeado «que se confunden para la percepción sin nunca mezclarse del todo» (p. 69). Obedece «a la idea aymara de algo que es y no es a la vez, es decir, a la lógica del tercero incluido» (p. 69). Como el allqamari, «lo ch’ixi conjuga el mundo indio con su opuesto, sin mezclarse nunca con él» (p. 70); equivale a la «sociedad abigarrada» de Zavaleta, diferencias que antagonizan o se complementan y que cada una se reproduce «a sí misma desde la profundidad del pasado» (p. 70). Ella lo dice en primera persona: no se considera q’ara, «culturalmente desnuda, usurpadora de lo ajeno», y por eso «me considero ch’ixi» (p. 69).